viernes, 22 de mayo de 2015

El pórtico

Pedro se acercaba a su casa cuando notó que su perro erizaba su lomo y gruñía a un volumen bajo pero audible. Levantó la vista y se encontró con el cadáver de su exmujer desde el pórtico, mirándolo con su ojo izquierdo. La parte derecha de su cráneo no era más que un amasijo de sangre, huesos y materia gris.

—He vuelto amor. He vuelto y juro nunca más irme —dijo la mujer con una voz que salió de lo más profundo de su garganta sin mover los labios pálidos ni su lengua quemada que olía a pólvora.

martes, 18 de febrero de 2014

La noche prohibida - 8

Foto. Licencia Creative Commons. Autor: Luz A. 

Capítulo 8

Ninguno gritó, ninguno lloró, ninguno peleó. Ambos sabían que estaban condenados, que no podían escapar de las terroríficas garras de ese hombre (si es que realmente era un hombre, pues Carlos se inclinaba cada vez más a pensar que no era un humano). Ambos niños se limitaron a caminar frente a su captor. Toda esperanza estaba perdida.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

La noche prohibida - 7

Foto. Licencia Creative Commons. Autor: Luz A. 

Capítulo 7

—¡Diego! —gritó nuevamente Carlos, entonces una cabeza sobresalió a las de los jóvenes sentados en círculo alrededor de la fuente central, rodeados por cientos de padres de familia pálidos, inexpresivos, estáticos.

martes, 17 de diciembre de 2013

La noche prohibida - 6

Foto. Licencia Creative Commons. Autor: Luz A. 

Capítulo 6

La tarde pasó como un suspiro. Carlos y sus padres estuvieron sentados todo el tiempo en la sala, sin cruzar ninguna palabra, el sonido solo era interrumpido por el sollozo del niño, sentado en medio de sus dos padres que lo atenazaban con sus fuertes manos por los brazos y piernas. Sus pantalones estaban mojados pues intentó ir al baño pero no lo dejaron moverse ni un solo centímetro.

La noche prohibida - 5

Foto. Licencia Creative Commons. Autor: Luz A. 

Capítulo 5

La escuela cerró al medio día, como siempre hacían en las vísperas de la noche prohibida. Carlos pudo ver que ya casi todas las tiendas estaban cerradas a cal y canto, y las que aún tenían clientes ya habían escondido sus letreros de "Abierto", pero al niño no le importaban tanto esos detalles como la situación de Diego.