Daniel miraba despreocupadamente la Plaza de Bolívar desde el Palacio Liévano, mientras esperaba su cita con el alcalde mayor de Bogotá. Cientos de palomas caminaban por la plaza, corriéndose un poco para dejar paso a las personas, atentas a cualquier comida que les dejaran en el piso.
Un niño pasó corriendo, agitando los brazos, espantando a varias palomas que levantaron vuelo hacia el oscuro cielo capitalino, que amenazaba com tormenta.
La Catedral miraba recriminatoriamente a Daniel desde el otro lado de la Plaza. No era católico, pero se sentía abrumado por esa visión del templo, alzándose en medio de la oscuridad que empezaba a cubrir la tarde.
Un trueno retumbó en las paredes del palacio, y despertó a Daniel de su estupor. Se alejó de la ventana y volvió a ocupar una elegante y antigua silla que estaba frente al despacho del alcalde. Allí, había dejado su maletín, el cual había agarrado rápidamente cuando los policías irrumpieron en su laboratorio.
Nació siendo un genio. Mientras que algunos se esforzaban por reconocer letras, Daniel ya leía cuentos infantiles de una sola sentada. Años después estaría realizando complicadas operaciones de cálculo, y sus compañeros de curso apenas estaban multiplicando. Viendo esto sus padres, lo enviaron a un colegio para superdotados. Fue becado en una prestigiosa universidad nacional para la carrera de ingeniería química, la cual cursó junto a matemática pura. Con ahorros y otras ayudas económicas de centros educativos salió del país, e hizo especializaciones en física, bioquímica, computación e incluso astronomía. A la edad de 30 años ya se podían contar 15 diplomas colgando en su pared.
El gobierno colombiano lo repatrió, considerando que podría ser él la clave para impulsar la investigación científica en el país, le ofrecieron instalar un gigantesco laboratorio en las afueras de Bogotá, y le compraron una mansión. Todo lo que Daniel pedía, aparecía al poco tiempo en su hogar. Sabía que políticos y personas poderosas lo espiarían, pero nunca sospechó que llegara a tal extremo.
Hace dos meses había terminado su extraño experimento, una rata obedecía al pie de la letra las órdenes que él le daba, a través de su computadora.
Todo consistía en insertar un nanobot en el cerebro del animal, el cual se adhería al órgano, tomaba control total sobre la rata. Después, Daniel podía controlarla con simples órdenes dadas en su computador. Parecía un videojuego, pues con un joystick hacía mover al roedor, y varios botones la hacían obedecer órdenes específicas como abrir la boca.
Y ese día por la mañana, había logrado finalizar su software para control, podía hacerla mover desde un dedo, hasta el cuerpo entero, el animal ya era su esclavo. Después de almuerzo, entraron cinco hombres vestidos de civil, pero se identificaron como agentes de la policía, "el alcalde necesita que vaya a verlo inmediatamente. Y lleve su invento". Daniel solo pudo empacar una jeringa que contenía otro de sus nanobots y su computador personal, en el que tenía instalado una versión antigua del programa.
Fue montado casi a la fuerza en una camioneta negra, con vidrios blindados, la cual fue escoltada por otro vehículo igual y cuatro potentes motocicletas, estas sí manejadas por agentes de la policía con su tradicional uniforme verde.
- Muchas gracias por su tiempo, doctor Vicente - dijo el alcalde cuando abrió la puerta de su despacho. Del lugar, salía un hombre anciano, al cual Daniel había visto en alguna ocasión, pero no podía recordar en ese momento quién era.
Los hombres se estrecharon la mano, Vicente miró furtivamente a Daniel y caminó dando largos pasos por el pasillo hasta la escalera.
- Disculpe la tardanza, y la forma de hacerlo venir doctor Daniel... Siga por favor, en mi despacho estaremos cómodos, y podremos hablar tranquilamente sobre su investigación- se disculpó el político.
Gerardo Piedra había llegado con cierta controversia a la alcaldía. Su plan de gobierno era irrealizable, según algunos expertos, y hacía promesas populistas. Incluso prometió instalar Internet en todos los colegios públicos de la ciudad, sin tener en cuenta que allá estudian los niños más pobres de Bogotá, quienes no pueden darse el lujo de tener un computador o un celular de última generación.
Sin embargo, lo que más le criticaban sus opositores era su participación en un extinguido partido de corte comunista, el cual se acabó cuando se revelaron que sus dirigentes tenían estrechos vínculos con las guerrillas terroristas de las Farc y el ELN, las cuales habían firmado al gobierno anterior. Piedra había salido poco antes de ese escándalo, y se afilió a otro movimiento de izquierda, con el que llegó al Palacio Liévano.
Daniel le tenía un poco de temor, pues veía en él a un hombre con rasgos de dictador. No aceptaba que lo criticaran, y nunca escuchaba los consejos que le daban. A la oposición la mantenía alejada, y muchas veces vociferaba contra sus opositores.
La puerta del despacho se cerró suavemente, el lugar era gigantesco, más grande que una sala-comedor en un apartamento de estrato medio alto, y el hecho de estar casi vacío lo hacía más grande.
En las paredes estaban los retratos de otros alcaldes de la ciudad, no todos, claramente, pues no tenían el suficiente espacio, pero Daniel notó que solo estaban aquellos que fueron de corte izquierdista, varios le habían hecho un gran daño a la ciudad por la corrupción, pero en estos cuadros los hacían ver como nobles hombres.
Al fondo se encontraba un gran escritorio, en el que había un antiguo computador personal, varios papeles, un retrato de Lenin y otro de la familia del alcalde. Piedra señaló con la mano una silla, y Daniel se sentó inmediatamente, como si temiera un castigo.
- Una vez más, le pido perdón por la forma como lo sacamos de la casa. Hoy nos llegó la información confidencial que una potencia extranjera quería atentar en su contra, para robar su investigación- empezó el alcalde -, por eso nos vimos en la penosa tarea de sacarlo a la fuerza de su laboratorio, espero que no esté molesto por eso.
- N... No, para nada - tartamudeó Daniel, quien estaba molesto, pero ocultaba su sentir. Sabía que el alcalde le mentía sobre ese supuesto atentado.
- Pero cuénteme, cómo va todo, ¿Ya tenemos resultados?
- Sí, he podido controlar un poco de las ratas que me han otorgado, un brazo, o una pierna, no todo al tiempo - mintió.
- ¿Eso es todo?
- Sí, pero ya es un avance grandísimo.
- Bueno, por supuesto, no creo que alguien más en el mundo tenga un nanobot capaz de hacer un animal esclavo total del hombre.
- Pues yo de hecho oí que en Estados Unidos...
- No haga caso a esa información sensacionalista - interrumpió el político -, son noticias inventadas por los gringos para hacerse los importantes, dígame ¿Qué tiene en ese maletín?
- Parte de mi investigación señor, los policías me dijeron que la trajera.
- Y fueron muy prudentes en pedírselo. Si alguien robara su laboratorio, aún tendríamos estas muestras. No creemos que pase, pues ahora estará siendo vigilado las 24 horas del día, todos los días. Espero no se moleste y comprenda la situación.
- Lo entiendo.
- ¿Sería posible ver cómo funciona su invento ahora mismo?
- Lo lamento, pero no tenemos ningún sujeto de prueba.
- Eso es lo de menos, puedo pedir una rata de laboratorio ya mismo.
- Si así lo desea... - suspiró Daniel.
En menos de cinco minutos tenían en medio de ellos una jaula con una asustada rata blanca. Daniel la sostuvo con una mano, mientras con la otra inyectaba la jeringa con el nanobot, a través de una fosa nasal del animal.
Encendió su computador, y abrió la versión vieja del software, con la que no podía tener el control total de la rata. Lo giró sobre el escritorio - Pruébelo usted mismo - señaló al alcalde.
- ¡Genial! Pero... ¿Cómo se maneja?
Daniel caminó hasta su lado - en este panel a la izquierda dice qué puede controlar, PI significa Pierna Izquierda, PD Pierna derecha, lo mismo con MI y MD, pero esas son las manos. El resto son cosas como la boca, cabeza, orejas, ojos, es solo que investigue. Luego, en el centro de la pantalla, puede mover con el mouse esa palanca hacia cualquier lado, y así, la rata hará lo que le ordene.
El alcalde se entretuvo un buen rato con el pobre animal, haciéndolo saludar, o rascarse con sus extremidades traseras. Se reía con una estruendosa y tenebrosa risa.
- ¡Increíble! Espero que en poco tiempo podamos controlar todo el animal a la perfección. Está haciéndole un gran servicio a su país, doctor Daniel. Si pudiéramos instalar un chip de estos en todos los animales, serían completamente dóciles para nosotros.
- Pero perderían sus capacidades y afectaría al ecosistema.
- Por supuesto, disculpe que no fui específico. Me refería a los animales en las ciudades, así dejaríamos de tener problemas con perros callejeros.
- ¿No sería más fácil sacrificarlos?
El alcalde cambió de expresión, ya no estaba contento, su cara se mostraba molesta - Pero así nos echaríamos encima a las juventudes animalistas, además, yo creo firmemente que ningún animal puede morir, tienen tanta o más dignidad que los hombres - era una gran contradicción de Piedra, pero Daniel sabía que muchas veces lo hacía, primero decía negro y luego blanco, típicos síntomas de un mentiroso.
- Disculpe, olvidé eso.
- No hay problema. Ahora, puede volver a su laboratorio. Una escolta lo llevará hasta allá. También llévese a esta rata, para que investigue más con ella.
La vuelta fue igual que la ida. Dos camionetas negras, escoltadas por motocicletas de la policía. Las sirenas chillando para que los demás carros se apartaran y una conducción violenta, como si en serio fueran perseguidos por alguien.
Mientras tanto, en el despacho del alcalde, Piedra hablaba con alguien en el teléfono.
- Me ha mentido, señor. Hoy vimos en las cámaras que instalamos en su laboratorio que podía controlar a toda la rata al tiempo, la hacía caminar, saltar, trepar... Yo creo que es mejor que usted lo llame, ahí sí no puede decir mentiras... ¿Cómo dice?... ¿Mañana mismo lo verá?... Perfecto, prepararé todo. Una última pregunta, ¿consigo al fin el sujeto para hacer una prueba humana?... ¿No cree que Daniel podrá negarse?... Bien, de acuerdo, así quedamos, señor Presidente.
Piedra colgó el teléfono y sonrió.
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Todos los personajes y situaciones aquí relatadas son ficticias. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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